Historias
de Éxito de personas que se
deshicieron de sus Vacas
“Llevo cinco años viviendo en Estados
Unidos. Toda la vida he estado rodeado de personas
que han querido influir en mis decisiones personales
y eso no me agrada. Aún cuando no me atrevía
a salir de donde mis amigos y cambiar, al fin logré
iniciar el cambio porque me di cuenta que yo era
esa familia dueña de La Vaca. Gracias a La
Vaca logré mudarme a Los Ángeles donde
tengo ahora mi nuevo hogar”.
Enrique Esparza, Estados Unidos
“Después de leer La Vaca,
comencé un proceso de reflexión.
Soy profesor y estoy casado desde hace 30 años,
tengo tres hijos exitosos. Una hija de 29 años,
ingeniera química; un hijo de 27 años,
oficial de la Fuerza Aérea y un hijo de
15 años que acaba de terminar su educación
secundaria. Sin embargo, me he dado cuenta que
me he preocupado más por mis alumnos que
por mi familia. Mi vaca fue creer que les había
dado lo necesario, en la medida en que ha sido
posible, pero olvidé la parte más
importante, la parte afectiva, la parte espiritual,
darles el tiempo necesario para escucharlos. Esta
lectura me ha enseñado que nunca es tarde
para empezar. No sé qué tanto vaya
a vivir, pero el tiempo que me quede lo voy a
vivir bien, con mi familia y conmigo mismo, ya
que si primero no me ayudo yo, ¿cómo
podré ayudar a los demás?”.
Ernesto Garineto, México
“Maté la Vaca y me lancé
a crear mi propio negocio. Hoy llevo cuatro meses
en él y todo ha salido mejor de lo proyectado.
Estoy convencido que aún me quedan muchas
vacas por matar, pero ya inicié el camino
que me sacará de la sombra, guiándome
hacia la luz de la riqueza y la felicidad”.
Luis Fernando Vanegas Sosa, Colombia
“Siempre me sentí cohibida
para hablar en público por muchos motivos
y pretextos tontos. No sé de donde salió
esta idea o cómo llegue a creerla con tanta
firmeza. Después que leí La Vaca
me sentí fortalecida y pensé que
la única manera de deshacerme de esta vaca
era debutando. Se presentó la oportunidad
y para sorpresa mía, todos me felicitaron.
La única tristeza es saber todo el tiempo
que perdí como consecuencia de esta limitación
que me hacía sentir mal”.
Ana María Contreras Armas, Perú
“Creo que mi vaca mayor era
que mi vida se había convertido en una
búsqueda constante de culpables por mis
fracasos. Me había convertido en un experto
en identificar a los responsables por todo lo
malo que ocurría en mi vida. Después
de leer La Vaca entendí que yo soy el único
responsable de lo bueno o lo malo que me suceda.
Estoy seguro que nuestro continente sería
otro sin tanta vaca que nos ayuda a justificar
nuestra pobreza y por ende nos mantiene atados
a la miseria”.
Alejandro Darío, Bolivia.
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